martes, 14 de diciembre de 2021 – 07:53

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Portugal se hace querer, está a nuestro lado, es muy fácil y, sobre todo es nuestra hermana, una tierra amable y acogedora.
Entrando desde Galicia por Valença do Miño, se puede viajar en el tren que costea hasta Lisboa, se descubren inmensas playas, la tranquilida y belleza del norte, los intensos sabores naturales, monumentales, urbanos, rurales, marineros, vinícolas. . .

Desde Andalucía para visitar El Algarve, se cruzaba en barcaza el Guadiana (ahora hay un gran puente).
Portugal ha sido para muchos españoles el camino por donde huir, una mancha de tierra color castaño y verde, con fronteras abolidas y muros derribados…

José Saramago unió a Portugal y España en su libro «La balsa de piedra» destacándose del cuerpo de Europa, para navegar en busca de las Indias, liberándose de los dictámenes de Bruselas.
Un paisaje el de la PENÍNSULA IBÉRICA devastado y estropeado por la industria del turismo, y por la megalomanía de los constructores y de autarcas o representantes locales…

Con la democracia, nuestro país y Portugal se han ido volviendo una reliquia, un folklore, se ha dejado atrás a las mujeres siempre vestidas de negro como las viudas de los pescadores, al atavismo anclado en la religión católica, a la consagración de la familia patriarcal y la autoridad del jefe…

Fue necesario aprender a vivir sin las especias, el oro, los esclavos. En el siglo XXI los jóvenes estudian y aprenden, las mujeres trabajan al lado de los hombres, los mayores envejecen con dignidad…
Europa ha mandado destruir la agricultura y la pesca. Sin embargo, el mar y la tierra resisten como trozos indomados.

Y sí la cultura es apreciada fuera de nuestras fronteras se valorará a la PENÍNSULA IBÉRICA con su propia identidad y la identidad de cada una de las comunidades que las une…

Jierro


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