Atrás, quedarán pensamientos de nubes negras,
alejándose de su escondite las abejas,
agobiadas por la soberbia tormenta,
cuando el vendaval arreció contra las palmeras…
Vendrán días de calma y aureolas,
en un mundo luminoso nos adentremos,
buscando asilo y cantando a la esperanza,
para que la pobreza y la injusticia no tengan techo,
donde rebose el amor como si manantial fuera,
inagotable a todos los humanos,
en los lujosos Palacios y en las humildes moradas…
Y en tanto, caiga el agua a raudales,
torne la tierra a ser fértil y el alma sosegada…
Jierro
