Pantallas

Pantallas

Triste generación la nuestra, sentada en la semipenumbra mirando una luz artificial… La máquina dominando el ambiente, nosotros pasivos… Una pantalla de TV o de móvil no es nada más que un cañón de rayos catódicos lanzando millones de electrones aunque menor que en los rayos X.
Resulta obvio que nuestros ojos no están adaptados a la mecánica de los puntitos intermitentes. Los ojos de nuestros antepasados no tenían necesidad de ver nada que se moviese a velocidades electrónicas.

Mientras miramos TV o el móvil, además de no movilizar el globo ocular absortos en esas pérfidas pantallas, el mecanismo de enfoque ocular queda congelado. Los ojos, punta de lanza de nuestras antenas emocionales, son uno de nuestros contactos principales con el mundo exterior. Deben estar, porque así lo ha decidido la naturaleza, siempre moviéndose, buscando, recorriendo, estudiando… Su función es mirar la luz del sol, de las estrellas, de la luna, del fuego y, cómo no, de otras miradas…

La TV o el móvil por el hecho de ser máquinas de influir, en la época que estamos viviendo, se han convertido en máquinas de hacer consumir y por tanto invaden, controlan y aletargan a quienes sufren su uso continuado, manipulan las conciencias, nos vuelven pasivos, incomunicados e incomunicables.

Como cualquier droga: la TV, los móviles, los videojuegos, son excelentes para pensar que el pensamiento es un estorbo, que la realidad cotidiana debe ser demolida y hemos de sustituirla por un sistema de percepciones que alguien previamente nos ha organizado como única vía de claridad para salir de la confusión…

La niñez es la etapa de mayor desarrollo emocional de todas las que atraviesa el ser humano. Y sólo nos desarrollamos cuando experimentamos cosas de la vida real: jugar, conversar con padres, hermanos, amigos, relacionarnos con otras personas… Las máquinas que mandan en nuestro cerebro son también peligrosas para la salud y para el medioambiente…

«NO SEAS OTRO SI PUEDES SER TÚ MISMO»

Jierro


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