Un día, un forastero, en un lugar apareció. Alto, bien hablado, mucho porte e instinto cazador; lo que antes se decía: «una aguja en un pajar», TODO UN SEÑOR.
Cortejó a la más rica, aunque no más agraciada. Se tragó su orgullo, sus gustos, sus prejuicios… Ella poseía tierras, con ahínco trabajaba, le daban muy buenas rentas y se decían ricos…
Otras jóvenes muchachas, por el galán suspiraban, se le hacían encontradizas, en el mercado o la plaza… Le sonreían coquetas, con sus andares ondulados y sus guiños le incitaban…
Aunque tenía tentaciones, su ego no consentía que una vida regalada, nadie le arrebataría… Sería célebre en el pueblo, porque nunca trabajó, sólo fue un buen partido, con dinero y sin amor…
Jierro
