martes, 23 de noviembre de 2021 – 07:04

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Los Monegros son un desierto aragonés que presenta unos suelos salados por la evaporación excesiva, y estériles para casi todas las especies vegetales. Constituyen una zona desolada, mero lugar de paso para la carretera Madrid- Barcelona.
Su única grandeza es la inmensa aridez de su paisaje, en el que nada se cultiva y nadie se detiene.
Sin embargo, por su situación debería presentar una cubierta vegetal muy diferente. Hay ríos que casi lo cruzan de norte a sur, bajando del Pirineo, mientras que el Ebro lo limita por abajo.

Los Monegros deben su nombre a haber albergado alguna vez densos bosques de encina, que con su tono verde oscuro ofrecen desde lejos un aspecto negruzco.
Los Monegros se desforestaron sistemáticamente y sin piedad en los siglos XVIII y XVIII.
La tala de árboles para la construcción de barcos y la venta de cenizas a Europa para lavar la ropa.

Los europeos no tenían necesidad de quemar sus bosques hace 300 años, podían comprar a España las cenizas de los suyos.
Quemar las encinas es iniciar un proceso irreversible de destrucción vegetal, pues antes de que puedan volver a crecer, el agua y el viento arrastrarán el suelo desnudo.
Este es un hecho cierto, una muestra perfecta de lo que llegamos a influir antes sin apenas tecnología en el destrozo de enormes zonas .
Hoy día disponemos de medios más eficaces para explotar, destruir, colonizar, etc…, y los beneficios que se obtienen de las explotaciones convierten en ridículos a los de los Monegros…

Lo que nos dice que se explotará lo que haga falta con tal de que dé dinero.
Algunos pensarán que si, que puede que cualquier loma de una sierra tenga un ejemplo de suelo destrozado tras un incendio, pero que tampoco es para tanto…
Veremos cuántos años han de pasar para que otras personas les cuente a sus contemporáneos otra historia en la que los protagonistas sean españoles del siglo XXI que quemen los pocos bosques que nos quedan…

Jierro


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