Por fin una tarde clara de lluvia.
Ya la anunciaban los pajaritos del agua…
Sentada tras la ventana triste y alegre,
veía caer aquel preciado regalo con ansias.
¡INCREÍBLE! Tengo las lágrimas saltadas…
No puedo correr tras las mariposas en el prado verde,
ni saltar los troncos de pinos caídos por el vendaval,
tampoco cruzar el puente de piedra para pisar los charcos,
ni siquiera visitar con los niños la cueva bajo el canal.
¡¡¡¡¡NO IMPORTA!!!!!
A pesar de todo los árboles desde lejos bañados de gotas, perfumados, coquetos, vestidos de flores, cabrillean…
Ha salido el Arco Iris, atravesando los campos oscuros,
pronto, desde la distancia, despido esos instantes serenos,
luminosos, de esplendor y extasiada en el crepúsculo,
contagiada de eternidad,
silbando, cierro la ventana…
Jierro
