Desde la gruta se veía la luna,
el mar estaba iluminado,
las olas chocaban, en las rocas, serenas,
el cielo rojo y anaranjado,
pronosticaba, en horas, tormentas;
pues en el cerco de la luna,
se leía su contraseña…
El pescador arrastró la barca,
para extender las redes espesas,
pues con la luz, subían a flote los peces
curiosos y atraídos por la luna llena.
¡Habría buena pesca! Subía la marea.
¡Pronto se llenaron las redes!
Acudió la familia para sacarla fuera…
Los pescaítos saltaban y brillaban como de plata…
Transportados en cubos hasta la tienda,
serían al amanecer subastados
y al mejor postor hecha la entrega…
Irán al mercado, en cajas de hielo o salmuera…
y los menos valorados, pregonado en callejuelas…
¡BOQUERONES, JURELES, SARDINAS!…
¡VENGA NIÑA!
Jierro
