Las barcas de las marismas,
pintadas de azul ultramar
esperan al muro encadenadas,
meciéndose suavemente derretidas,
en el suave sol de la mañana.
Lejos del puerto las campanas,
suenan tocando las vísperas…
¡Viva la Virgen del Rocío! ¡Viva!
Vocean los peregrinos en romería.
Las barcas se mueven acompasadas,
mirándose en el espejo de las aguas.
Cuando torna la brisa levantina,
las olas suaves de la pleamar,
parecen volar hasta la orilla.
El barquillero llega sudoroso,
desatándolas a toda prisa,
para aprovechar la riqueza de la pesca,
y da gracias a los frutos del mar,
sustento de muchas familias…
Jierro
