La casa de Bernarda Alba, hablaba,
rincones acechan: «Pepe el Romano»,
las almas con pensamiento insano,
callan y no golpean la aldaba.
Era una casa tranquila y limpia,
igual que las vírgenes que habitan,
la virtud, un círculo de vigilia.
Madre, ahí fuera está, soy su mujer,
nadie puede comprender esta rabia,
es la tempestad que mueve la calma.
Huiré, me iré con él, entérate…
Tiranía y orden las vinculan;
mas la rebelión desató tragedia
y el drama oído, lo silencian…
Jierro
