Imploro, invocando en silencio,
a las lágrimas de la VIRGEN DE LAS PENAS,
en el toque de campanas lento…
Allí, donde se esconde la injusticia,
y hay hermanos con hambre y miedo,
en los campos, plazas y calles,
en los mares y desiertos…
¡La paz ansiada quede escrita,
la abundancia dibuje un mundo sin temor, pleno…!
Cuando se abre de par en par el templo,
me pareció al mirarla que podía…
Y al pie de los altares, rezo,
el amor y la esperanza caminan,
errantes, buscan llevar el consuelo
y aligerar el peso de la vida…
Jierro
