Maya Angelou

MARGUERITE ANNIE JOHNSON nació en San Luis, MISURI, (1928). A los 3 años sus padres se separaron y, junto a su hermano, marchó a vivir con su abuela paterna. Cuatro años después los niños volvieron con su madre. Y con 7 años fue violada por el novio de su madre. El hombre fue condenado y sólo estuvo un día en prisión. Cuatro días después lo mataron a palos. MAYA (como la llamaba su hermano) quedó tan traumatizada que enmudeció por 5 años. «Creí que mi voz lo había matado; yo maté a ese hombre, porque dije su nombre. Y después pensé que nunca volvería a hablar, porque mi voz podría matar a alguien». Durante ese tiempo en que no habló se leyó todos los libros de la Biblioteca para Negros y los que podía obtener de la Biblioteca para Blancos…

Desarrolló una extraordinaria memoria y habilidad para observar el mundo que la rodeaba. MAYA ANGELOU, en «Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado» (1969) escribió sobre su propia experiencia ante una agresión sexual. Recuperó el habla y junto a su madre, que la animó a acabar sus estudios, tuvo su primer contacto con la danza y las artes escénicas.

Fue madre soltera a los 16 años, recurrió a distintos trabajos para criar a su hijo y también decidió prostituirse, de lo cual nunca se avergonzó. A los 23 años se casó con Tosh Angelos, de quien tomó su apellido en una época en que las relaciones interraciales eran mal vistas. Empezó a recibir clases de danza moderna y africana y se divorció en 1954.

Trabajó como bailarina profesional en clubes nocturnos y entre 1954 y 1955 estuvo de gira en Europa y grabó su primer disco «MISS CALIYPSO»… Regresó a NUEVA YORK y se unió al Gremio de Escritores de HARLEM. En esa época conoció a MARTÍN LUTHER KING y a MALCOLM X y se volcó en el activísimo por los derechos civiles.

Desde la primera publicación de una de sus siete autobiografías no dejó de maravillar al mundo y su legado rompió los esquemas de contar la vida de alguien de una forma distinta. La vida de MAYA ANGELOU está repleta de trabajo duro, pero sobre todo de valor, de perseverancia y de capacidad para responder frente a grandes adversidades.

Nunca obtuvo un título universitario, pero su legado invita a todo aquel que la lea a aceptar cambios, a no dejarse perturbar por nada, a perdonar a otros y a perdonarnos a nosotros mismos para seguir viviendo plenamente…

Jierro


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