Las huellas de mis sandalias
se clavaban en las piedras,
en el día claro y luminoso
donde descansan las aguas saladas,
las olas una tras otra en el remanso
de la orilla que deja mojada,
se han dormido, como un rezo en voz baja,
jugando con los rayos del sol
y con la brisa tan libre, tan dorada…
Ayer, éramos tan jóvenes, de ojos inquietos, de mirar profundo…
Tendidos en la brillante arena,
cuando navegar quisimos en rutas de locura
hacia los altos mares llenos de turbulencias,
fue un tiempo de hazañas, de aventuras,,
de caminar sin rumbo, sin caminos…
Y hoy ante el Mediterráneo,
vuelvo a la mar inmensa, como peregrina,
al declinar la tarde me miró en tu espejo
y ofrezco a la mar mi alma, que sigue siendo niña…
Jierro
