Nació pobre, pero la pasión que los hombres sintieron por ella fue irresistible…
Agustina Carolina Otero Iglesias, nació el 19 de diciembre de 1868 en Valga (Pontevedra).
Hija de madre soltera, no conoció en la infancia otra cosa que la miseria y el abandono.
A los 10 años fue violada por un zapatero apodado «Conainas» que se dió a la fuga dejando a la niña desangrándose, con la pelvis rota al lado de un camino cerca de la aldea. Tuvo que ser trasladada con urgencia a un hospital y quedó estéril y estigmatizada para siempre.
A los 12 años abandonó su aldea y se dedicó a servir hasta que se unió al mundo del espectáculo por un encuentro casual con un titiritero.
En Barcelona la descubrió un empresario estadounidense Ernest Jurgens que se convirtió en su mecenas por amor.
Se inventaron la historia de su vida y algunas personas afirmaban que era una condesa y se llamaba OTERO.
Tras unos meses de ensayo en París debutó en Nueva York en septiembre de 1890 como bailarina.
Fue uno de los personajes más destacados de la BELLE ÉPOQUE francesa en los círculos artísticos y la vida galante de París.
Su maestría era mucho más instintiva que técnica y llegó a protagonizar obras de teatro y óperas.
Apodada como «LA BELLA OTERO» por ser considerada la mayor belleza de la BELLE ÉPOQUE (según los cánones de aquel tiempo).
Abandonó a Jurgens, que acabó en la ruina y suicidándose y parece que hubo seis muertes más, por no ser correspondido por el amor de la BELLA OTERO.
Privada del placer físico y emocional tras la violación sufrida en su infancia, Carolina se dejó querer. Los pretendientes la cubrieron de joyas, le donaron fortunas e incluso le regalaron una isla.
Entre sus amantes llegó a asegurar se incluían seis monarcas, entre ellos, el rey Alfonso XIII de España y el Zar Nicolás II de Rusia.
También sirvió de musa para escritores y pintores como Renoir y Toulouse- Lautrec.
Llegó a convertirse en el mayor atractivo del FOLIES BERGÉRE.
Al inicio de la I Guerra Mundial se dedicó a lo único que le hacía feliz: apostarlo todo al rojo.
Despilfarró toda su fortuna en la ruleta del casino de Montecarlo, y la BELLA OTERO tuvo que ponerse en contacto con el alcalde de su aldea natal para solicitar una partida de nacimiento que necesitaba para obtener una ayuda de la seguridad social.
Se fue del mundo rodeada de recortes de periódicos a los 96 años en Niza.
Sólo disfrutó de dos placeres: el uno era ganar y el otro perder.
La BELLA OTERO era indescriptible, irrepetible, inimitable…Fue un SEX-SIMBOL de LA BELLE ÉPOQUE.
En el momento de st muerte sólo tenía 609 francos, que donó a las familias más necesitadas de su Galicia natal, por la que sintió morriña y a la que nunca regresó…
Jierro
