Cuando era una estrella conocida
en aquella loca y encantada carrera
donde tantos triunfos ha cosechado,
por suerte, trabajo y valentía,
envuelto en la enfermedad maldita,
un día, volvió a casa sombrío y desolado.
El cáncer le llevó a su antiguo refugio,
a mirar el mar y contarle su ira,
notó en su corazón rebosar amor,
buscó asilo en sus buenos deseos
y dejó lejos la horrible pesadilla.
Vagando por los rincones desiertos,
con el dolor que nadie escucha ni padece,
habla con el viento y entona melodías.
Los sordos bramidos de las olas le tienden
un velo de luz en la amanecida,
que hace creer al que espera y vence,
llenando de animadas notas la orilla,
y hace esperar al que ama y no se rinde…
Jierro
