La luna rompió su espejo
fue un olivo su testigo,
desde Víznar hasta Alfacar,
años pasaron, ochenta y cinco,
un dieciocho de agosto
mataron a FEDERICO,
con tres tiros de pistola
su cuerpo quedó tendido.
Ladran los perros inquietos
por el campo ennegrecido,
se oye trotar un caballo,
¡qué triste su caminar!
es un potro tordo y fino,
que agachando su cabeza
en su lomo lo ha subido,
huyendo con trote duro
hacia el inmenso infinito…
Ahora la luna llora
con las estrellas sin brillo,
en su jaca jerezana
cabalga ya FEDERICO…
Jierro
