Los recuerdos más entrañables

Los recuerdos más entrañables

Estuve ordenando los cajones de mi casa, que buena falta les hacía, puse una bolsa para tirar cosas, pero todo lo que encontré, tenía su historia… La goma, el lápiz, el boli, la libreta de notas, el cuaderno de canciones, el llavero de Riotinto, la lotería coleccionada, servilletas con versos escritos, botones y palillos de colores, lazos de seda para envolver regalos, un sinfín de objetos…

Es mejor no mirar y vaciar el cajón directamente a la basura. Pero pienso que así es, hay que tirar cosas que no sirven y también hay que apartar otras que podamos reutilizar
nosotros u otras personas…

Pero si miramos cada objeto detenidamente, todos tienen una pequeña historia, un sueño, algo que nos hace recordar una vivencia en el pasado… Buscando y rebuscando, encontré una pelota verde con unas palabras inscritas «GORILA». Recordé que podía tener más de cincuenta años y nunca quise tirarla, me siguió en todos mis traslados…

Cuando pequeños, nuestros padres, al llegar el otoño y empezar la escuela, nos compraban unos zapatos fuertes que nos duraran todo el curso y eran los únicos que teníamos. Estos tenían la suela de tocino y tenían fama por su suela. No todas las familias del pueblo podían adquirirlos, pues los vendían en Málaga en una antigua zapatería «SEGARRA». Afortunadamente, los zapateros del pueblo, hacían unos trabajos artesanos maravillosos, a prueba de balones de reglamento.

Pero los zapatos «GORILA», traían de regalo en cada caja, una pelotita verde, que se pusieron de moda una buena temporada en los años 60 y jugábamos con ellas como lo hacía la gente del circo, sobre la pared o al aire. Adquiríamos tal habilidad que hasta 7 de una vez circulaban por el aire; hoy creo que no me saldría…

Los domingos, limpiábamos con crema los zapatos y los cepillábamos hasta que quedaban relucientes o nos poníamos los de la primera comunión, sí aún nos quedaban bien…

Otra cosa que encontré, fue una revolandera, que fabricábamos con papeles de seda de colores y la pegábamos con tachuelas. Cuando hacía viento, la arrojábamos muy lejos.

Tampoco olvidé unas pequeñas cañas de bambú, con la que sosteníamos unas cometas pintadas por nosotros para volarlas cuando había aire de arriba…

Lo que siempre llevé en mi maleta del colegio, era una lima de hierro, pues entonces llovía mucho en invierno y en la plaza del pueblo, que no estaba pavimentada, se hacían charcos y había barro; dibujábamos en el barro un cuadrado o círculo y arrojábamos con fuerza el pincho al suelo; si quedaba vertical, ganábamos… era el juego del Pincho…

Todos coleccionábamos los TOREROS, que eran unas cajetillas de cerillas con unos dibujos de toreros y se pegaban de tal forma que encajaban todos, para amontonarlos con otros y midiendo la distancia, tenían que colar en un agujero de la pared, cerca del suelo. El ganador, se quedaba con todo el montón y para nosotros era más valioso que el dinero..

Me encontré una caja de madera llena de antiguos y preciosos cromos, que en los escalones de las casas, intercambiábamos o nos los jugábamos, dándoles con el hueco de la mano y volviendo el dibujo…

Tampoco tiré una bolsa de indios de colores, que era más juego de niños pero, también a mí, me llamaban la atención aquellas tribus, con sus cabañas y sus vestidos; A mis hermanos, sin embargo, les gustaban más los vaqueros, pues les ganaban siempre a los indios…

Y si hablamos de tebeos, entre todos mis hermanos teníamos una gran caja de cartón llena. Leíamos bastante Capitán Trueno, El Jabato, El Cosaco Verde, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Jaimito, El Guerrero del Antifaz, etc. Estos siempre circulaban entre todos los amigos. Los cambiábamos, prestábamos… como hacíamos con las bolas de bronce y las cristalinas (canicas). La mirábamos al trasluz y su colorido parecía el de un caleidoscopio…

Todavía conservo, y he puesto siempre en Navidad, «EL NACIMIENTO», de figuritas muy pequeñas que comprábamos una a una, con las propinas de los recados en «La casa de la Rivera»; nos quedábamos pegados al escaparate, cuando había alguna que no teníamos…

TODOS ESTOS RECUERDOS SON PARA MÍ, LOS MÁS ENTRAÑABLES DEL MUNDO…

Jierro


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