En el hemisferio Norte de la Tierra
ya se va la primavera,
los cerezos con flores blancas
se tornan rojos como acebos,
maduran los duraznos, las ciruelas,
se vuelven humildes los arroyos
porque aminoran su canto las aguas.
La celinda nos regala sus olores,
mientras las libélulas
bailan en el estanque.
Los gusanos de seda se transforman
en volubles mariposas,
la trama de los olivos la arrastra el aire
sobre los geranios y las baldosas.
Canta el labrador sobre el arado
que abre surcos en el barbecho.
Adormecida bajo el sol de la tarde,
en mi rincón de paz y sombra,
busco olvidarme del tiempo…
Jierro
