Mirando al sol cuando nacía,
en un jardín de olvido,
dejó el dolor y la melancolía.
En su soledad de sensaciones innumerables,
con una voz débil y confundida,
robó el sueño más difícil y distante,
tirando de su paciencia infinita,
subiendo escaleras y laberintos,
y más, y más avanzando o detenida.
Recordó que tras el invierno frío,
está la primavera a la otra orilla,
sonrió y respiró por fin,
al ver la enfermedad ya vencida…
Jierro
