En la espesura del bosque
llega redoblado el eco,
del viento Norte que aulla
en el borrascoso cielo.
El jardín está dormido;
pues el Sol ya se ha puesto,
entre las brumas se oye
algún animal gimiendo.
En la cueva de la umbría
tiene su casa una dama,
que aparece y se pierde:
¡Alguien la vio que volaba!
Con un cuerpo muy suave,
melena de plata rizada,
lilas y transparentes velos,
se adivinan cuando pasa.
Se pierde por los senderos
que llevan a la montaña,
va a cantar a la fuente
para que broten las aguas.
Las nubes grises flotantes
bajan para imitarla,
como imitarla no pueden,
dejan caer sus lágrimas…
Jierro
