Un número creciente de personas saben algo de meditación, retirada, soledad…Empiezan a valorar el silencio, a buscarlo, a defenderlo para ir más despacio, hasta que reconquistemos nuestro amor por el silencio.
Si observamos lo ruidoso que se vuelve el mundo al «desarrollarse». El rugido de la ciudad, el estruendo del tráfico y de la maquinaria incesante, el atronar de los aviones por el cielo, los sistemas electrónicos para transmitir música, conciertos de rock con potentes amplificadores, transistores que suenan en las calles, en las playas y parques…
A medida que se modernizan, las ciudades parecen adquirir una tendencia infinita por el ruido como si nadie se atreviera a que le sorprendieran a solas en el silencio.
Hemos temido al silencio porque nos hace entrar en nuestro propio interior, sabiendo lo que esto representa; sin embargo hay que escuchar al silencio y descubriremos luego el sonido del viento, la lluvia y el canto de los pájaros, entonces aprenderemos a valorar el ruido de la naturaleza en silencio…
Alternar el trabajo con relajación es todo un arte.
Tomémonos tiempo para el disfrute y la distensión, desarrollando hábitos que nos ayuden a reducir el nivel de estrés al volver del trabajo.
Cada uno de nosotros posee una capacidad poderosa e innata para curarse a sí mismo o restablecer un nuevo estado de equilibrio.
El silencio es una oportunidad para reflexionar y enfrentar a nuestro «enemigo» interno en forma positiva, aprendiendo algo sobre nosotros mismos…
Jierro
