Hoy, madrugué con la luna,
sus rayos iluminaban la noche,
su luz atravesó mi ventana,
creí llegado el día, desperté;
pero luego me tapé con la sábana.
¡Qué placer escuchar, como en la cuna,
la paz y el silencio de una nana!
Esperé todavía, disfruté ese tiempo.
Mientras tanto quise dar las gracias
por el aire, la lluvia, el fuego,
el amor y tus cariñosas palabras…
Me levanté al sereno de la madrugada,
cogí un libro, sin hacer ruido,
leí sus historias, cuando venía el alba…
Encontré en sus páginas la misma vida,
contada por su autor, llena de magia…
Jierro
