La sal se encuentra ligada al origen de muchas civilizaciones antiguas. Durante siglos fue una herramienta para el reclamo de la libertad y, otras veces, un instrumento de opresión. Destronó reyes, encandiló a los piratas, en su nombre se libraron guerras, se tejieron mitos, se conquistaron pueblos…
Y es insospechadamente BELLA… Las estalactitas que se forman en las minas son como grandes estatuas naturales. Las minas de sal son unos lugares donde la realidad supera a la fantasía. Dado que la sal ha ido subiendo a la superficie por la presión de las rocas que tiene encima, durante millones de años, las vetas con unos diseños de colores asombrosos dibujan un relato sinuoso de la historia de la Tierra.
En ZIPAQUIRA (Colombia), las minas de sal son la octava maravilla del mundo. En CARDONA (Barcelona) las gamas de colores en las minas de sal provocan fascinación… A esta inmensa belleza se le suma el mantener el equilibrio físico – químico de nuestro cuerpo, a través del proceso conocido como ósmosis. No podemos vivir sin sal, es igual de indispensable que el agua y el aire.
En la antigüedad su cotización era muy alta porque la tenían que traer desde lejos y su extracción era muy lenta. En GHANA la sal se cambiaba por su peso en oro. En ETIOPÍA aún hoy se utilizan monedas acuñadas de sal, y por el desierto del SÁHARA desfilan en invierno camellos cargados de sal; son las Azalaï, caravanas de la sal.
Los indios de EEUU la llamaban «mágica arena blanca» en las rutas que trazaban los animales en busca de sal. Durante la Guerra de Flandes, los holandeses bloquearon los centros de producción de la Península Ibérica, empujando al reinado de Felipe II a la bancarrota (1575).
En la INDIA los ingleses se beneficiaban gravando la sal con impuestos desorbitantes y, al mismo tiempo, prohibiendo que los habitantes pudieran coger libremente cada uno su ración. La sal se volvió un símbolo de la independencia colonial. «GANDHI», la eligió como estandarte de su lucha no violenta en «LA MARCHA DE LA SAL» en 1930. Con el simple gesto de llegar al océano y coger un puñado de sal con sus manos, desencadenó una avalancha que arrastró tiempo más tarde la colonia británica.
Celebrar la belleza en algo tan práctico y codiciado es homenajear la magia de la NATURALEZA. Rescatemos sus colores y sus formas. Festejemos que algo tan vital para nuestra existencia sea tan barato y fácil de conseguir como nunca antes en la historia…
Jierro
