La niña ante tanta belleza, espera,
mirando al inmenso océano,
por la arena mojada, donde mis pasos,
se confunden con los suyos, errantes,
por la mañana que dibuja velillos falsos,
de turquesas, celestes y azules pintados,
en muselinas entre brisas de Levante,
que inundan de luces el tibio nublado.
Vienen con mágicos murmullos,
olas que desfilan anegando la playa,
aires perfumados de otros mundos,
silban inquietos en la roqueta blanca…
Erguida y segura, hablando con el mar,
sus ojos mimetizan como un río inquieto,
transmitiendo palabras que vibran y entrelazan,
las maravillas que envuelve su mirar,
radiante de alegría en el estío pleno,
siente que llega renovada del más allá,
ondulada y fresca, los misterios del agua…
Jierro
