El papel de la mujer en los cuidados y la asistencia a la enfermedad ha estado presente a lo largo de la historia. La educación y la salud han sido patrimonio femenino. No existe ninguna sociedad, ninguna cultura, ninguna religión que atribuya a la mujer un papel más digno, trascendental e importante. La educación y la salud, su transmisión y los cuidados, son los elementos fundamentales para que cualquier sociedad y cultura pueda progresar y sobrevivir.
Fue en la década de los años 70 del siglo pasado cuando las mujeres irrumpieron con fuerzas en las Facultades de Medicina de nuestro país. Desde entonces el porcentaje de médicas ha ido en aumento. Atrás quedaron esas orlas de los años 50 y 60 del siglo pasado en las que era testimonial encontrar una figura femenina…
Se cuenta que precisaban de autorización paterna para matricularse, y que incluso para asistir a clase eran tuteladas por profesores que ejercían cierto papel protector e incluso fiscalizador de sus actividades académicas y docentes. En nuestro país hay que remontarse al año 1882, en el que la barcelonesa Dolors Aleu ejerció de médica como pionera en una profesión reservada sólo para hombres.
En la Facultad de Medicina de Cádiz se matriculó en 1911 María del Mar Terrones Villanueva concluyendo la carrera en 1915, fue por ello la primera médica del siglo XX en Andalucía, además de ser considerada una de las precursoras de periodismo en la ciudad de Cádiz. No sólo sus compañeros, sino hasta sus profesores, le decían que se fuera a su casa, que su sitio estaba en la cocina… Sin embargo la Facultad de Cádiz puede estar orgullosa de haber tenido a otras alumnas: Antonia Monreal y Andrés, María Asunción Menéndez de Luarca, Francisca Medina Verdeja… todas ellas adelantadas a un tiempo que ahora se nos presenta como cotidiano.
Actualmente la probabilidad de que, si acudes a un servicio de urgencias del sistema público de salud o del privado, te atienda una médica es alta. Una de las últimas convocatorias MIR el 69,4 por ciento de las plazas fueron adjudicadas a mujeres, frente al 30,6 por ciento a hombres. Esta abrumadora feminización de la profesión médica no se traduce en una igualitaria representación por género en los puestos de alta dirección y responsabilidad corporativa. Sigue existiendo ese techo de cristal que les permite ver pero no tomar altas decisiones.
Siguen faltando políticas de conciliación personal, familiar y laboral, e incluso nos encontramos con una sociedad que aún mira al profesional de la medicina con cierto sesgo de género. Como si las médicas tuvieran que demostrar una valía que a los profesionales varones se les supone…
Jierro
