Hasta ahora hemos vivido de las reservas de los combustibles fósiles, que son limitadas en sí mismas. La única manera de librarnos de este límite sería poder llegar a utilizar un flujo solar que es infinito, pero muy disperso sobre la superficie de la Tierra, además de las disponibilidades del espacio, la contaminación, las leyes insalvables termodinámicas, etc.
La única solución es detener el crecimiento del consumo de energía total y por cabeza. La distinción entre recursos renovables y no renovables se aplica tanto a la materia como a la energía. Los recursos vivos son renovables, pero esto lleva a valorar unas zonas que no deberían ser utilizadas para la agricultura, como por ejemplo las regiones tropicales, donde la roturación de los bosques de montaña ha producido una erosión considerable y la ruina definitiva de los suelos. En muchos lugares donde antes había frondosas selvas, ahora sólo se ve la tierra desnuda.
La civilización tecnológica misma se encuentra enfrentada por los límites de la disponibilidad de los elementos indispensables en la industria. La humanidad ha doblado su crecimiento en los últimos 50 años y el crecimiento demográfico no va a detenerse en los países subdesarrollados.
Hay que crear un nuevo tipo de sociedad industrial más ahorradora de energía y materias primas y sobre todo menos aficionada a las modas que enseguida caen en desuso.
Es necesario volver a pensar en la infraestructura y finalidad de nuestra producción industrial. El mayor problema en el siglo que corre es la puesta en marcha rápida de una estrategia mundial para la conservación de los recursos naturales, cuyos intereses aseguren a la humanidad un desarrollo duradero. Se hace cada vez más evidente que si la humanidad se niega a considerar las enseñanzas de la ciencia ecológica, es probable que conocerá en breve la suerte de los dinosaurios, es decir, la desaparición como especie…
Jierro
Imagen: Sam Saunders from Bristol, CC BY-SA 2.0
