Ya sale la luna llena,
encantadora del agua,
sin miedo a la noche negra,
y en lágrimas convertida,
gime entre hojas muertas,
murmurándole a la brisa:
sin agua, todo se seca.
Cuando el amante del bosque,
pasa bajo la arboleda,
lento recorre el camino,
al alba, en la amanecida,
¡hora que cantan los gallos!
y el viento del norte silba,
como siempre en sus bolsillos,
lleva las nuevas semillas,
a ver si en el campo preñan,
si llega la lluvia amiga…
Luna bella de septiembre,
del color de las cerezas,
no permitas que en desierto,
se convierta nuestra tierra…
Jierro
