Notaba el viento silbar a su alrededor

Notaba el viento silbar a su alrededor

Notaba el viento silbar a su alrededor y la lluvia mojaba su piel, después el sol lo secaba poco a poco… Sin embargo no tenía ojos, ni oídos… Pero al posar mi mano y abrazarlo sentía su energía interior. También sabía que esa energía le protegía de las enfermedades, de la soledad, del silencio, de la oscuridad…

Aunque no le importaba porque tenía la completa seguridad de que su presencia en el mundo era necesaria y que en aquel sitio moriría pues la Naturaleza no le había proporcionado ni la vista, ni el oído, ni el don del movimiento…

Su larga vida le había dado una serie de experiencias que él había ido almacenando y se confirmaba con lo poco que tenía, pues no era el único Ser vivo de aquellos lugares. Pero aquel verano fue demasiado tórrido, hubo fuego en el bosque y sus compañeros desaparecieron.

Notó que los duendes le habían abandonado y el vacío se apoderó de su alma…

Un día, algo le llenó de esperanza, pues estaban tocándole, le rodeaban y raspaban su piel. Pensó que algunos de los duendes buenos que volaban habían regresado, ¡era fantástico! de nuevo tenía compañía.

Pero transcurrieron meses antes de que ocurriese algo nuevo. Fue entonces cuando algo raspó su piel con una brutal sacudida que le hizo temblar de arriba a abajo y se dio cuenta de que se tambaleaba.

Su posición variaba rápidamente de vertical a horizontal y dio con sus 50 metros de longitud en el suelo…

Después su piel fue perdiendo elasticidad y algunas gotas saladas resbalaban sobre su cuerpo, porque en algún lugar del mundo inhóspito, un niño sobre un tronco muerto, lloraba la pérdida del último árbol…

Jierro

Imagen: Lone tree in the Alpujarras – Dreirik, CC BY 4.0


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