La amenaza eólica ha crecido como los hongos. Antes se colocaban los molinos únicamente en lugares sacudidos por grandes vientos, «TARIFA, COSTA DE LA MUERTE», pero con la mejora tecnológica de los aerogeneradores, cualquier cima sirve para hacerlos rentables. Lo que podía ser un modelo descentralizado, blando, de abastecimiento energético para los pueblos, ha sido acaparado por las empresas eléctricas y convertido en grandes instalaciones de cientos de grandes aerogeneradores, lo mismo ocurre con las grandes extensiones cubiertas por placas solares. Y el problema no es sólo el impacto paisajístico, que es muy importante, también priman las especies en peligro de extinción: águila imperial, perdicera, real, las obras de infraestructuras anejas: pistas, conexiones a los tendidos eléctricos…
¿Por qué permiten los gobiernos regionales, en beneficio de unos pocos, esta situación que obliga a ponerse en contra de algo tan razonable como la energía eólica y solar y angustia a quienes tienen en el valor del paisaje y el entorno rural otra alternativa de vida…?
La sociedad empieza a ser consciente de los problemas de las energías solar y eólica en el paisaje… De su valor y necesidad nadie duda, pero no están libres los efectos colaterales indeseables. Uno de ellos, el más evidente, es su afección visual al medio que llega a alcanzar kilómetros de distancia como consecuencia de la creciente expansión por el territorio.
El paisaje natural es un bien público de primera importancia, y como nadie ignora, se encuentra expuesto a las consecuencias que la acción humana causa al medio. El paisaje tiene un valor propio, separado del que tienen las obras de arte, y también refleja valores éticos de la sociedad que lo cuida. Es un bien individual puesto en valor a través del gozo personal de la contemplación y disfrute; es además un valor patrimonial colectivo, histórico y cultural…
El desarrollo de las energías eólica y solar en determinadas regiones y lugares, aparte del respeto a la biodiversidad y demás atributos ecológicos, nos concierne a todos no desarticulando, dislocando y perturbando al paisaje en la NATURALEZA… para la complicada coexistencia de dos bienes necesarios: las energías renovables y el paisaje.
Jierro