Las caras ocultas de la historia nos enseña a ser más críticos y vigilantes con el presente. Las fronteras entre el bien y el mal se traspasan, a veces, sin percibir apenas su gravedad.
Una buena reflexión a este respecto la brindan los casos de aquellos que eligieron convertirse en guardianes de la moral del prójimo, y acabaron transgrediendo lo que, con tanto afán y amenazas de castigo, predicaban. Estaban destinados a dar ejemplos y evitar los malos pasos de los otros…
El mundo clerical ha contado entre sus miembros con numerosos personajes agresivos, cuyos instintos, una vez despiertos, manifestaron un carácter feroz y déspota. Así, a través del tiempo se han ocultado unos hechos protagonizados por clérigos, «la pederastia», que cuando menos en el caso español, era poco conocida… Por un lado, por lo que implican los acontecimientos en sí mismos, pero también porque ponen al descubierto la interesada manipulación y el buscado silencio que sufrieron entonces y el no menor olvido que hasta ahora los había rodeado.
Una serie de casos de delitos de pederastia y de ventas de bebés ejecutados por miembros de la iglesia católica y también el muestrario de los medios empleados por las respectivas instituciones para ocultar las culpabilidades e impedir, dilatar o aminorar la aplicación de la ley.
El corporativismo de unas órdenes eclesiásticas que insisten en que «condenar a un religioso sólo serviría para reavivar la memoria de hechos tan funestos, lo que llenaría de escándalo y deshonor al monasterio y a la religión».
Los clérigos movidos por los mismos instintos, afectos y pasiones que los demás individuos, en grupos cerrados y jerarquizados reprimen y ocultan la violencia instintiva, pero ante ciertos desencadenantes hechos, desafiando incluso a las personas y lugares considerados por ellos más sagrados, se ha levantado la voz…
La denuncia de la connivencia, en el Antiguo Régimen, entre el poder político y religioso frente a una concepción independiente de la JUSTICIA, partidaria de «IMPONER LAS MISMAS PENAS PARA LOS MISMOS DELITOS, SIN HACER DISTINCIÓN ENTRE LOS DELINCUENTES»…
Jierro