Ernest Hemingway que obtuvo el Premio NOBEL de literatura declaró que PÍO BAROJA (1872-1956) se lo merecía más que nadie. Uno de los motores más impetuosos de la llamada GENERACIÓN del 98 y que marcó la vida intelectual de España durante la primera mitad del siglo XX con una prosa bronca y un estilo veloz fue PÍO BAROJA.
En sus novelas agrupadas en trilogías como «La raza» o «La lucha por la vida», retrató con realismo a la sociedad de su tiempo. Escéptico y pesimista paseó su espejo por los caminos de toda España, desde su San Sebastián natal a Madrid, ciudad donde vivió y fue enterrado en el cementerio civil
Sus obras como «Zalacaín el aventurero», «La busca» o «Las Inquietudes de Shanti Andía» han sobrevivido a todas las modas por la honestidad intelectual y la verdad que contienen… Publicó más de 100 obras, «El árbol de la ciencia» es parte de su autobiografía, que se ambienta en la vida universitaria madrileña…
Dejó su profesión de médico por la de novelista hacia 1896. Fue, de hecho, una especie de segundo GALDÓS por sus conocimientos de los rincones más recónditos de la capital de España, de temperamento melancólico, irritable, solitario, amargado y huraño, su personalidad estuvo marcada por su radical pesimismo, contrario a muchas cosas, ya que como él mismo afirmó: «La vida es esto: crueldad, ingratitud, inconsciencia, desdén de la fuerza por la debilidad». No cree en el ser humano; lo considera cruel y egoísta. Su ideología está cercana al anarquismo…
Su aspecto «desaliñado» chocaba a muchos, hasta el punto de que, el día de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, muchos se agolparon en la entrada por ver si el escritor se dignaba adecentarse para la ocasión.
La Guerra Civil le sorprendió cerca de la frontera francesa, y pasó la mayor parte del conflicto en Francia. «Carezco de la vocación de héroe. Soy un espectador, un curioso y nada más»…
El escritor vivió varios conflictos bélicos; no sólo el de CUBA por el que la GENERACIÓN del 98 es conocida, sino también la Guerra Civil Española del 36. Además, desde su infancia todavía tenía en mente las historias de las Guerras Carlistas que tanto le inspirarían.
No es hasta 1940 cuando PÍO BAROJA se instala definitivamente en España, un país profundamente transformado y deprimido que el literato ya no es capaz de reconocer.
Haber nacido junto al mar le parecía un signo de libertad. PÍO BAROJA estuvo estrechamente unido a su País Vasco, a su paisaje, historia y mentalidad.
Cuando el 15 de diciembre de 1935 acudió al Museo Municipal a inaugurar el busto realizado por el escultor VICTORIO MACHO dijo: «Si se borra mi recuerdo y el busto persiste en su sitio, me contentaría, si esto fuera posible, con que la gente que lo contemplara en el porvenir supiera que el que sirvió de modelo a esta estatua era un hombre que tenía el entusiasmo por la verdad, el odio a la hipocresía y la mentira y que, aunque dijeran lo contrario en su tiempo, era un vasco que amaba entrañablemente a su país»…
Jierro
