Se dice de la PROSTITUCIÓN que es el trabajo más antiguo del mundo. Encontramos la PROSTITUCIÓN como un oficio en la antigua Mesopotamia (siglo XVIII a. C.) donde existían ciertas «leyes» que protegían a las mujeres que realizaban este trabajo.
En la historia y en el tiempo, en España la PROSTITUCIÓN fue tolerada durante el periodo medieval hasta el siglo XVII, cuando en el reinado de Felipe IV (1623) se decretó el cierre de mancebías (burdeles), cuya consecuencia obligó a las mujeres a ejercer en la calle.
Intensificada desde la Revolución Industrial, en la actualidad se ha convertido en una práctica habitual visto por la masculinidad hegemónica. Practicada principalmente por mujeres pobres de todo el mundo, se ha convertido en un elemento de ocio que la sociedad de consumo, masculinizada y racializada ofrece.
Cada vez son más y más jóvenes los hombres que acuden en manada a disfrutar de una sesión de PROSTITUCIÓN sin pararse a reflexionar sobre lo que esconden los prostíbulos: las enfermedades de contagio sexual, la desvalorización del afecto, la falta de trabajo, la trata de mujeres y niñas de los países más desfavorecidos.
No se puede considerar la PROSTITUCIÓN como un oficio cualquiera, con la única condición de que sea ejercida libremente, sin coacción ni chantaje. Pero la PROSTITUCIÓN, en sí misma, es un acto indigno, que daña de forma muy grave, tanto moral como afectivamente, a quien la ejerce y a quiénes a ella recurren. Y si lo hacen «libremente» es porque su libertad se halla viciada y es incapaz de ponderar las consecuencias funestas de esa práctica.
Una sexualidad ofrecida o buscada a cambio de dinero atenta contra nuestra dignidad y lastima muy gravemente los vínculos humanos, que exigen donación, además de incapacitarnos para los afectos verdaderos…
La lacra de la PROSTITUCIÓN sólo se podrá combatir (además de persiguiendo el proxenetismo) trabajando con la caída naturaleza humana, recuperando los frenos morales que la encauzan, templando la libertad humana, de tal modo, que pueda vencer sus flaquezas y debilidades. Así se logrará, poco a poco, que cada vez menos personas recurran a la PROSTITUCIÓN para aliviar sus ansiedades sexuales y existenciales: y también que menos personas se prostituyan «libremente».
Se debe plantear un programa de inserción laboral que facilite a estas mujeres unos estudios que les den una posible salida profesional futura. La persecución de estas prácticas tiene que ir enfocada en una dirección clara, hacia el PUTERO y el PROXENETA que son quienes perpetúan una violencia contra las mujeres…
Jierro