Allá donde acaba la tierra, la «barbilla» de la Península Ibérica, formada por el Cabo San Vicente y la Punta de Sagres, donde la historia de la navegación alcanzó su cénit, se encuentra un parque natural de playas, entrantes y calas de aguas cristalinas…
Hasta el siglo XV, el Cabo San Vicente era considerado como el Finisterre del Sur, el lugar donde acababa la tierra y empezaban las tempestades y el misterio. Y aquella fascinación de la antigüedad sigue hoy vigente.
La Historia ha dejado escrito que, entre los años 1419 y 1460, el infante Enrique el Navegante, trató de hacer realidad aquel sueño de «ver lo que hay más allá de las Canarias y del Cabo Bojador» e intentar descubrir lo que se oculta a los hombres. Para ello invirtió fuertes sumas de dinero en crear una escuela de navegantes y un gran astillero que fuera la envidia de la Europa de entonces…
Enrique el Navegante convocó en San Vicente a los mejores astrónomos árabes, a los más afinados cartógrafos italianos, a los audaces marinos mallorquines y a los afamados geógrafos portugueses. La escuela de SAGRES perfeccionó el manejo de instrumentos clásicos de navegación, como el astrolabio o el cuadrante, creó «la Carabela», una nueva embarcación que revolucionó los mares y los océanos…
En 1587, los piratas comandados por el terrible Francis Drake hicieron añicos la Escuela de Navegación y la casa del Infante. Para mayor desgracia, el terremoto de Lisboa de 1755 terminó de echar por tierra los últimos edificios en pie…
Hay un camino empedrado que recorre todo el perímetro de la punta. Durante cerca de una hora se recorre a pie el borde del acantilado donde el mar ruge y las olas se rompen contra los precipicios. Hay dos cuevas próximas a un faro que al atardecer realiza señales de color rojo, un colosal faro, el más grande de Europa, cuyo haz de luz es visible a más de 100 kilómetros mar adentro.
Por estas aguas pasan al año cientos de navíos y mercantes rumbo a medio mundo. En esta franja del litoral de El Algarve se puede presumir de muchas cosas, entre otras, de poseer algunas de las playas más hermosas del Atlántico portugués…
Jierro
