sábado, 05 de junio de 2021 – 07:10

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A finales de la década de 1880 los montes de la Sierra de España (Murcia) presentaban un panorama desolador debido a la sobreexplotación que llevaba soportando la zona desde el siglo XVIII. La Marina, organismo encargado de gestionar el territorio, taló gran parte del bosque para construir barcos. Esto tuvo como consecuencia un paisaje sin suelo firme, totalmente despoblado de árboles, aumentando así el riesgo de riadas y erosión.
La situación de alarma llegó en 1879 en la trágica riada de Santa Teresa, en Lorca y Murcia que murieron 761 personas.

En 1888 se constituyó la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura y se construyeron caminos, puentes y diques.
El doctor Ricardo Codorniu llevaba tiempo estudiando el terreno, las semillas y el clima de la zona e ideó una forma novedosa de repoblar las más de 5000 hectáreas de la sierra, eso si, sería a cañonazos. En esta ocasión la metralla dejó paso a una munición de semillas de pinos, encinas y sabinas.

El ingeniero Ricardo Codorniu y Stárico (Cartagena 1846- Murcia 1923) es uno de los grandes personajes del ecologismo en nuestro país.
Este VIEJO FORESTAL como el mismo se autodenominaba, es considerado uno de los pioneros de la educación ambiental en España y en la defensa del árbol y del bosque, tema que fue la verdadera pasión y obsesión de su vida.
El Apóstol del Árbol como se le conoció al naturalista ayudó a emprender un cuidado y efectivo plan de reforestación en el pulmón de la Región de Murcia, tuvo que emplear grandes dosis de imaginación, mucho esfuerzo, dedicación y cuidado.
Abordó este trabajo utilizando criterios ecológicos y medioambientales poco vistos en esa época, Sierra Espuña había quedado privada del verde manto que antes la cubría, y sólo algunos manchones de pinos se salvaron como por milagro»
Entonces las aguas de lluvia se precipitaban por las laderas, asurcando profundamente el terreno y originando rápidas y devastadoras avenidas.
Durante casi 12 años estuvo al frente de las duras labores de repoblar cerca de 5000 hectáreas, supervisando los trabajos de construcción de caminos, sendas, puentes, diques y viveros, con la finalidad de asegurar el éxito de las siembras y plantaco que se llevaron a cabo posteriormente.

La Huerta Espuña el primer vivero en acondicionar, tal fue su importancia que se le conoció como el Vivero Central de Levante.
La plantación se realizó a lomos de mula y partiendo de los viveros, utilizando semillas de planta local, para sitios inaccesibles disparaban piñones con escopetas.

En los 20 años siguientes el paisaje de esta Sierra cambió, por lo que en1931 se declaraba «Sitio de Interés Nacional». También participó en los trabajos de fijación de las dunas de Guardamar, utilizando vegetación herbácea.
La vida volvió a SIERRA ESPUÑA, sembraba a la vez en el corazón de cada obrero el amor al árbol y las ideas de rectitud y justicia: predicando sin cesar, con el ejemplo, y haciéndose amar y respetar de todos por su bondad y energía…

Jierro


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