Estaba absorto delante de su lienzo,
el estigma de la soledad le inspiraba,
invulnerable a la blancura de su cuaderno,
deslizó los pinceles en las pinturas aguadas.
De pronto, acarició la limpia tela temblando,
las líneas curvas hicieron plasmar la idea
y volvió otra vez y miles más acariciando
hasta que en el cuadro sus mudas palabras quedan.
Lo miró desde lejos y de cerca preguntando:
¿Cómo el dibujo está aún más claro que en mi cabeza?
Es que la mente nos juega malas pasadas
expresando con hechos lo que el pensamiento lleva…
Jierro
