Cada año volvías en vacaciones,
ahora el regreso definitivo,
se paró el reloj del tiempo,
en la tierra que te dio cobijo.
Llegan voces de despedida
a la orilla del viejo río,
donde el agua limpia, dormida,
a tu plácida calma ha venido.
Tu espíritu pasea por el remanso,
te acaricia el brillo de la luna,
una rama de olmo te presta sombra,
cuando el estío sea vivo fuego
o por la noche caiga la bruma.
En el pueblo alto y lejano
cae la tarde confusa,
se esconde el sol tras el Hacho,
el ocaso trae nostalgia,
sobre el castillo de torres morunas,
que se cubre de estrellas blancas…
Jierro
