sábado, 23 de octubre de 2021 – 08:50

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La RAYA lusoespañola ha sido siempre un lugar de encuentro entre vecinos bien avenidos, ligados por lazos que van desde el contrabando a las tradiciones comunes o, incluso, el matrimonio…
Desde A Guarda (Pontevedra) hasta Ayamonte (Huelva) la sinuosa línea que une España y Portugal mide más de mil kilómetros y sólo es atravesada por una treintena de vías asfaltadas.Sin embargo, LA RAYA lusoespañola, o, simplemente, LA RAYA la han atravesado siempre en toda su dimensión geográfica y, por supuesto, sin permiso de la autoridad: feriantes, contrabandistas, madereros, segadores, romeros,…
Los rayanos son gentes perspicaces, inclinadas a mirar con insistencia al otro lado de esa línea imaginaria.

Un COUTO MIXTO en Ourense (pastos comunitarios que dependían a la vez de España y Portugal), una romería en Vila Verde (Alentejo), una feria de ganado vacuno en Bermillo (Zamora), espacios protegidos como el Parque del Guadiana dan ocasión a gallegos, zamoranos y extremeños para franquear una y otra vez LA RAYA quebrada.
Cada cual habla la lengua de su comarca y todos entienden la del extranjero.
Ni los portugueses ni los españoles pegados a la frontera reclaman carreteras, puentes o túneles para visitar al vecino. Pertenecen a una estirpe desobediente con los mandatos patrióticos que les llegan de la capital, y dispuestos siempre a desafiar las dificultades geográficas que les separan.

Según cuentan los pastores de SEDIM y RUBIÁS, mientras los rebaños triscaban la hierba fresca del COUTO MIXTO, antes de que colocaran en su cima los molinos de viento que hoy dan electricidad a las aldeas de la comarca, los dioses estaban con los hombres…
Desde entonces, en la confluencia de caminos, a uno y otro lado de la frontera, se colocan cruces de granito para advertir al viajero de lo peligroso que resulta cruzar estos pagos de noche.
Pero ni esa amenaza divina evitó que, durante décadas, se asentara con mucho provecho el negocio del contrabando, mercadeo de supervivencia que practicaban hasta los curas de estas pequeñas parroquias.

La mezcla de intereses y propiedades, debida a los matrimonios lusoespañoles, ha llegado al punto de que esas tierras de frontera suelen tener hoy propietario extranjero.

Los habitantes de LA RAYA tienen los intereses y los sentimientos cruzados…
Por la Sierra de San Mamede huyeron miles de judíos que escapaban de las iras de la Inquisición.
Un lamento por el SEFARAD perdido se oye aún en este reducto «Castelo de Víde» de judíos errantes: «QUE VENGAN AMORES NUEVOS, QUE LOS VIEJOS ME OLVIDARON»…

Jierro


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