La actitud de la anciana francesa Alexandra David-Néel (1868-1969), fue tal su pasión por los viajes, que en vísperas de su 101 cumpleaños, acudió a renovar su pasaporte asegurando «nunca se sabe cuándo puede hacer falta».
No es cierto que la edad no importe. Es esencial para casi todas las cosas de la vida; pero todavía existen mecanismos para esquivar algunas de sus secuelas. Por ejemplo, atreverse a hacer cosas que se hicieron en el pasado. La esencia del viaje está en la fusión con el paisaje, sus gentes y nuestra propia naturaleza…
Ocurre que en los viajes, los acompañantes son responsables de un porcentaje muy alto de llevar a término la aventura. Sólo se puede viajar a ciertos sitios complicados con personas dispuestas a conformarse con lo inevitable y a sacar provecho de la adversidad.
Viajando por el planeta, nos damos cuenta de que el mundo se está convirtiendo en otra cosa. Vemos el Amazonas rendirse ante la deforestación, a los hielos derretirse en los mares árticos. A las tierras africanas secarse y volverse yermas bajo el azote de las sequías. Está claro que somos nosotros los que provocamos con nuestra avaricia los desastres amazónicos, árticos o africanos.
Son muy numerosas las listas que circulan acerca de los lugares más bellos y más inquietantes de ver en el mundo, así como monumentos admirables, obra del hombre u obra de la naturaleza. Guiados por un afán científico, por ansias de riqueza o por el mero placer de la aventura, a lo largo de la HISTORIA miles de personas han viajado por los rincones más ocultos y desconocidos de los cinco continentes.
Gracias a estas personas, nuestro planeta ha ido, poco a poco, desvelando sus secretos geográficos. Pero no lo ha hecho gratuitamente. A menudo la muerte y la enfermedad se convirtieron en la moneda de cambio por tal trasvase de conocimientos, cuando no la única recompensa recibida…
En los siglos XVIII y XIX, una serie de valientes mujeres, casi todas de origen anglosajón, se lanzaron a recorrer el mundo y demostraron que el espíritu de la exploración no era sólo patrimonio masculino. No lo tuvieron fácil. A las presiones sociales de su entorno, que calificaban de «inconveniente» el hecho de que una mujer recorriera mundo por propia iniciativa y en solitario, se unían las malas comunicaciones, las incomodidades de los medios de transporte y la consideración que tenían de la mujer en muchos de los destinos elegidos…
Cada vez estoy más convencida de que viajar «bajito», con pequeño presupuesto, nos acerca más a la forma de vida de las clases populares…
Jierro
Imagen: Chabe01, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons
