Al final de junio, llegado el estío,
el primer canto de la chicharra
suena con mucha fuerza y brío.
A mediodía sube de tono
busca los rayos más cálidos del sol.
El Levante dejó de soplar
y la fresca brisa salada se paró.
Los secos campos de trigo ondean suaves,
la chicharra no se calla ni se esconde,
se exalta, sus notas llenan el valle…
Ella en su idioma y yo en el mío,
cantamos las dos al mismo tiempo
entre mustias amapolas por los trigales.
El sol ya poniente se mira en el río,
por un instante se hizo el silencio
y hubo como un trueque de cantos.
¡Ahí está! Es el canto del grillo,
ha aparecido con la luna rojiza en la noche;
aunque la chicharra no se ha dormido…
Jierro
