Y al caer la lluvia en los corazones mustios
fecundar’an semillas en su preciosa sangre,
la luz del sol las abrazará en lo más profundo;
para que germinen y nazcan las simientes.
Acaso llegue el día en que el amor no viva lejos
y no seamos indiferentes a las maldades,
tan sólo turbe la paz el canto del gallo
y el bienestar sea realidad para los humanos…
Qué el dolor se marche con todas sus hieles,
las ilusiones queden en las abiertas manos,
arraigadas en todas partes y para siempre,
buscadoras de cariños y lealtades,
unidas a la bondad eternamente…
Jierro
