No es sencillo describir con acierto las sensaciones que se agolpan en nuestras mentes cuando hemos vuelto a visitar la estación de
» EL CHORRO «. Impresiona este lugar por el paisaje y los recuerdos que continuamente llegan a nuestra memoria.
Antaño solíamos venir aquí a pasar nuestras vacaciones y nunca perdíamos de vista el relieve de los montes inmediatos, las sierras de la Pizarra y la Huma usada por los bandoleros de siglos pasados, las sierras circundantes que acogieron poblados, castillos y monasterios en distintas épocas de la historia…
Hoy, el angosto desfiladero de los Gaitanes, cuyo fondo permanece sumergido bajo las aguas, sólo se puede acceder desde sus extremos, ya sea desde EL CHORRO o bien desde las inmediaciones del complejo de embalses del Guadalhorce donde el ingeniero Rafael Benjumea trazó el Caminito del Rey durante el reinado de Alfonso XIII…
Lamentablemente coincidimos mis primas, mi primo y yo en que el pequeño núcleo poblado de la Estación de El CHORRO ya no es igual que antes, faltan muchos vecinos, sus casas han sido derruidas para construir apartamentos turísticos, los extensos jardines que desde la estación continuaban hasta el convento de las monjas y se asomaban al puente de las «Josefonas» ya no existen, pues en el río Guadalhorce se construyó una nueva presa y los bordes del camino siempre están erosionados por la caída del agua.
Pese a estas interferencias humanas EL CHORRO sigue siendo entrañable para nosotros, los hijos de mis primos desde distintos puntos de España, quieren venir a conocerlo, hacer senderismo entre la verticalidad de sus paredes,donde a 100 metros de altura cuelga el puente que las une en el Caminito del Rey, el cual estuvo cerrado durante mucho tiempo por su peligrosidad y ha vuelto a abrirse una vez reconstruido para hacer el trayecto caminando desde el embalse del Conde del Guadalhorce hasta EL CHORRO.
En este paraje de gran belleza, pasamos los más felices momentos de nuestra niñez, volvimos a la casa de nuestra tía donde mis primas no paraban de contar sus andanzas, aunque sus nuevos dueños la mantienen muy bien conservada, ya no estaba la vieja pimienta perfumando sobre los bancos y la mesa de piedra donde por la tarde nos sentábamos bajo su ramaje a cenar y contar todas las diabluras con señales de guerra sobre todo a mis primos Antonio y Loli , habían ocurrido durante el día de las cuales nuestra tía no tenía la más remota idea…
Nuestras aventuras en común durante los veranos hasta la adolescencia no la olvidaremos nunca, ni a ese Paraje Natural privilegiado del que hicimos una república independiente nuestra: correteando por los túneles, bañándonos en los Albercones, en el río Guadalhorce, donde nuestro tío Gabriel nos enseñó a nadar, viendo películas de cine ambulante al lado de la cantina y sobretodo el acogimiento de los vecinos, nuestra pequeña- gran familia…
Jierro
