Saladino

Saladino

SALADINO nació en 1137 en una época de fanatismo religioso, crueldad y masacres preparadas por ambos bandos: cristianos y musulmanes; surgió esta figura que unificó (por poco tiempo) el mundo musulmán y reconquistó JERUSALÉN de las fuerzas cristianas.

Pasó a la historia como un modelo de caballerosidad, generosidad y honor. Los propios cristianos medievales lo convirtieron en leyenda y lo admiraron. SALADINO era de origen kurdo, un extranjero y forastero que no tenía derecho dinástico alguno. Todo lo que llegó a ser se lo ganó a pulso…

Emprendió una tarea en el país del NILO habiendo llegado al poder de EGIPTO por accidente y por servir a señores musulmanes y de fundar allí su propia dinastía: «los ayubíes».

Conociendo las feroces divisiones y los odios ancestrales que siempre dividen a chiíes y suníes y a todo el mundo árabe, unificó el mundo musulmán bajo una sola bandera, la suya.

El ISLAM de Oriente Próximo en el siglo XII no era un bloque único, sino un mosaico de pequeños reinos rivales que se odiaban entre sí y que llevaban décadas apuñalándose por la espalda los unos a los otros, demasiado ocupados, como para preocuparse de los cristianos francos instalados en Tierra Santa desde el 1099.

SALADINO con la paciencia de un relojero y una mezcla calculada de guerra y diplomacia fue hilvanando los grupos de países y regiones en uno único al que conocemos hoy como EGIPTO, SIRIA, LÍBANO, ISRAEL, JORDANIA, PALESTINA y gran parte de MESOPOTAMIA donde él había nacido.

Cuando tuvo un solo poderoso ejército, bajo su mano conquistó JERUSALEM donde los «CRUZADOS» que durante 88 años habían prosperado gracias a la desunión entre moros, tuvieron enfrente, por primera vez, a un enemigo fuerte, unido y determinado.

Lo que distinguió a SALADINO a los ojos de sus contemporáneos, y lo que ha preservado su reputación a lo largo de los siglos, fue la combinación de cualidades personales, una piedad sincera y sin ostentación, una generosidad tan extravagante que murió sin poseer casi ninguna riqueza personal, una clemencia hacia los adversarios derrotados y una capacidad para encarnar, en su propia persona, el ideal de gobernante justo y misericordioso que florecería en la poesía de DANTE. Los cronistas latinos escribieron con un respeto que desbordaba admiración a la leyenda del noble sultán sarraceno…

Jierro

Imagen: Graham van der Wielen, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons


Publicado el

en

por