Abril llueve sobre los pinos,
un agua muda y constante,
tras las gotas en el cristal,
un día triste y sombrío,
de soñar y meditar.
El campo de primavera,
entre nubarrones oscuros,
la niebla en la pradera,
se extiende, huye al río,
y navega hacia la mar.
Tañido de campana vieja,
como un rumor constante,
envuelto en armoniosos,
clamores de saetas,
que al Cristo de la Cruz,
lúgubre y taciturno,
resucita en la esperanza,
de escenarios de guerras,
con poder SALVAR la TIERRA…
Jierro