El turista sale con todo previsto y perfectamente organizado desde casa. Reservas hechas y confirmadas de transporte, hoteles y visitas a realizar.
El viajero, aunque haga una cierta planificación de su viaje, hará lo que los acontecimientos le traigan día a día, puesto que para vivir su experiencia ha de salir de su rutina diaria. El encuentro con lo inusual, lo exótico y las sorpresas serán lo que mayor valor dará a su viaje.
El viajero prefiere viajar solo, o con algún compañero de viaje que se complemente con su forma de viajar, en su mochila llevará lo esencial para poder desplazarse de un lado a otro, sin fecha concreta de retorno, utilizando transportes locales y buscando por sí mismo los lugares donde ir. Cada salida es una extensión más de su vida, un viaje se da en cualquier momento y lo vive con naturalidad…
No se limita a observar sino que tratará de ser participe directo de lo que encuentra en su camino, intentando vivir de lleno la experiencia.
Para el viajero, más que la admiración a los monumentos, lo más importante es la interacción con los habitantes del lugar, su cultura y sus costumbres, viviendo con normalidad las incontables diferencias por el mundo, ya sea en una remota aldea o en una gran urbe. No entiende de tiempo, diferencias de culturas y de fronteras, mostrando respeto y apostando por un mundo sostenible y mejor…
Lo importante es tener un alma viajera… la excitante aventura cotidiana de viajar con los ojos bien abiertos, sin prisas, buscando quizás una chopera otoñal, el olor a leña, las fiestas modestas de una aldea, la comida casera, una ermita, las ferias de ganado, los caminos viejos…
El viajero es dueño de sus actos y sus decisiones. Puede equivocarse, pero eso forma parte del viaje. El viajero es más antiguo que el turista adoptando vestimentas y costumbres locales para pasar desapercibido como cualquier lugareño, buscando un equilibrio entre comodidad, estilo y respeto por el lugar donde se encuentra, disfrutando con el reto de la comunicación, relacionándose con los artesanos, integrando la experiencia en su propia historia.
VIAJAR ES INCREÍBLE, no solamente por el bienestar que nos produce aprender costumbres, idiomas, ampliar nuestros horizontes mentales, explorar y descubrir lugares nuevos… sino porque la experiencia en tanto conocimiento se convierte en un viaje al interior de las cosas y al interior de uno mismo.
Jierro