Bajo un cielo azul de final de junio,
con fuerte olor a mar y salitre,
fragancia de jazmines nuevos,
entre un tórrido sol, el verano entra…
Por los caminitos que bajan a la playa,
el viento de Levante sacude el polvo,
juega con la arena en remolinos,
y en el río seco de tierra quebrada,
un vals de mariposas dibujan el estío…
Desde lejos, se avista la playa,
estallando en colores veraniegos:
un enjambre de sombrillas y hamacas,
bañadores, zapatillas y sombreros…
Los surfistas atraviesan las olas,
parapentes vuelan a ras del suelo,
cometas tirando de unos niños,
mientras otros hacen hoyos y agujeros…
Entran y salen al agua con cubitos,
bronceados de sal y alegría llenos.
Es el SOLSTICIO de verano,
el día más largo del año,
aunque tan diferente, al de GAZA,
al otro extremo de nuestro Mediterráneo…
Jierro
