A la vista de todos los datos disponibles, literarios, arqueológicos, filológicos… Parece ser que TARTESSOS «era una realidad específica, un país físico»… fértil en toda clase de frutos, riquísimo en oro, plata, estaño y hierro, y abundante en ganados que entre los griegos simbolizaba aún la riqueza. En definitiva era un país ideal.
Cuando los navegantes, ya fueran de origen semita o de otra procedencia, que habitaban en distintas zonas del Mediterráneo Oriental y Central, arribaron por primera vez al extremo Occidental de este mar Mediterráneo y del Atlántico cercano, se encontraron con unas poblaciones desconocidas que se diferenciaban de ellos en una serie de manifestaciones culturales.
Los datos ciertamente escasos nos hace suponer que este nombre «TARTESSOS» un hecho histórico bien probado: que los griegos y fenicios se relacionaron con unas gentes que vivían en la tierras que rodean las marismas onubenses de los ríos Tinto y Odiel (Huelva), así como en los territorios de Sevilla y Cádiz.
La relación de los recién llegados con quienes ocupaban estos territorios que se hallaban fuertemente enraizados con tradiciones propias de las antiguas formas de vida se mezclaron con la poblaciones de fuera e surgieron nuevas tradiciones.
Se piensa que en las sociedades tartesias debieron de existir unos grupos de guerreros, que pertenecían a una casta distinguida que ejercerían su fuerza y poderío sobre otras etnias al encontrarse más favorecidos por el manejo y control de armas (espadas, lanzas de bronce, etc.). A esta actividad se hallaría unida la explotación de la minería.
La guerra fue una preocupación importante en la cultura de LA EDAD DEL BRONCE, tal como refleja la literatura y los restos arqueológicos… Siendo el robo del ganado uno de sus objetivos principales, y en caso de no poder trasladar el botín lo destruían.
Se trataban a los guerreros como personajes de élites rodeados de prerrogativas y privilegios (excluidos de trabajos serviles) para diferenciarlos de los comerciantes, artesanos o agricultores…
En términos generales, las costumbres de nuestros ancestros no han cambiado en el tiempo y si nos adentramos en la historia, «EL SEÑOR DE LA GUERRA» y el dinero siguen imponiendo su poder en el mundo…
Jierro
