Aquel día dichoso que guardé en mi mano, voy gastando poco a poco, en un sueño que pasa de un tiempo remoto. Y sin embargo, no estás, tan cerca y tan lejos, como olas que vienen, y marchan al mismo tiempo. Ya de aquella primavera y de aquel nosotros, dijimos adiós, sin irnos, pero renunciando a todo. A lo que ya no es nada, a lo que no ha sido nuestro, a nuestra marcha ignorada, al triste espacio de en medio. Torna siempre el pensamiento a apoderarse del alma, vuela o anda suelto, en la secreta morada…
Jierro
Imagen: Annatsach, CC BY-SA 4.0
