Cada verano, en la antigua Atenas se celebraba una fiesta en honor de Athenea, en la que tenían lugar diversas competiciones deportivas. Los vencedores de las carreras y de otras disciplinas obtenían como premio aceite de los olivos del bosque consagrado a la diosa, que se guardaba en hermosas ánforas. Algún antropólogo ha dicho que correr facilitó la posición erecta del hombre, parece que el hombre empezará a correr para huir…
En el siglo XX, se ha redescubierto la carrera y la práctica quizás para huir de ciertos peligros, que actualmente reciben el nombre de «estrés», «deudas», «conflictos laborales» o «familiares»… Con esta nueva moda, las calles se llenan de numerosos corredores, a veces pendientes de sus relojes, para hacer distintas distancias.
En plena sociedad de consumo, una actividad como la carrera de medio y largo fondo, ha roto la frontera de los estadios y se ha extendido a grandes capas de la población en los países más industrializados.
Al criterio higiénico de correr hay que unirle el ecológico, mientras que el primero se halla impregnado por los valores tradicionales de la sociedad y cultura anglosajona: el afán de competición, la autoformación personal y el éxito… Por contra, el criterio que podríamos llamar ecológico se orienta hacia otra escala de valores. Correr grandes distancias en parques, bosques o prados conlleva un fundirnos con la Naturaleza que nos rodea, se corre esencialmente por placer lúdico, para recuperar la sensibilidad del cuerpo, bajo la lluvia o atravesando un arroyo y sobretodo por un placer estético, el correr puede llevarnos a pintorescos lugares que antes no hubiéramos encontrado…
Para practicar este deporte hay que empezar poco a poco, por supuesto que todo depende también del tiempo que empleemos, del ritmo personal, y de empezar con ejercicios de precalentamiento y estiramiento, usar una ropa y zapatillas adecuadas y cuando lo hagamos dos veces por semana, ya notaremos una buena mejoría física.
El medio rural y campestre, son lugares excelentes para la carrera de fondo.
Jierro
Imagen: Ed Yourdon, CC BY-SA 2.0
