Un ramillete de yerbas,
hice para SAN JUAN,
las últimas de primavera,
que ayer arrojé al mar,
al mar sin fin, sin fronteras.
La arena baila que baila,
el fuego chisporrotea,
cuando estallan los cohetes,
brincan, saltan encima,
y traspasan las candelas,
miles y miles de gentes,
sobre la rizada orilla,
donde las olas revientan.
Suena música de guitarra,
y un cante por malagueñas,
las olas con sus gemidos,
dulcemente le contesta,
entonces cada mirada,
descarada o discreta,
invoca a la noche mágica:
¡QUE LA PAZ SALVE AL MUNDO!
y sobre el fuego se queme,
la maldad que hay en la Tierra…
Jierro
