El FÚTBOL siempre ha sido una caldera de pasiones, y mucho más: un instrumento político, un foro para expresar los instintos más bajos, un detonante bélico (HONDURAS y EL SALVADOR entraron en guerra por un partido), un negocio, un agujero económico…
España, un país históricamente enganchado al balón, ha desmentido a quiénes pensaron que la iglesia estaba repleta. Se ha acuñado la futbolmanía, un fenómeno al que se han apuntado las mujeres, adolescentes y niños que ven en el fútbol un acontecimiento familiar…
La adolescencia estaba hecha para las citas, los bailes, el cine, los rincones oscuros, el escaparate de las tiendas, donde una televisión encendida nos recordaba que era sábado, que hacía frío, que jugaba nuestro equipo y que el amor puede con todo menos con el hincha que llevamos dentro…
La desconexión entre el fútbol y los adolescentes no ha ocurrido en otros lugares. En Inglaterra, llegaron los BEATLES y apareció GEORGE BEST. Los adolescentes consumían música y fútbol a partes iguales, con toda la parafernalia al uso: las fotos, el peinado, la ropa, los posters y la histeria juvenil…
En España, fútbol y música siempre han sido tribus diferentes, pero de repente «la muchachada» ha llenado el fútbol. No importa que el fenómeno tenga un punto superficial y consumista. Lo que importa es que el fútbol ya es de todos…
DESMOND MORRIS en su texto sobre el deporte rey: «El animal humano es una especie extraordinaria de todos los sucesos de la historia, el acontecimiento con más audiencia no es político o una celebración científica o artística, sino un simple juego de pelota». Pero la violencia llegó a los estadios y el espectáculo se convierte en acontecimiento cuando compromete la vida de la gente…
En España no se prefiere la furia, se demanda un fútbol de calidad. Minutos antes de salir a jugar la final de la Copa de Europa en LONDRES, mientras los jugadores esperaban la táctica, CRUYFF simplificó: «Señores, están ustedes en un marco incomparable, y van a jugar para millones de personas. Así que salgan y diviértanse»… Y es que hay un puñado de entrenadores empecinados en demostrar que el fútbol no es más que una excusa para ser feliz…
Jierro