Con timidez, me rehuía
al preguntar a aquella alma infantil,
¿dónde vivía?, quedó paralizada:
¡mamá pidió custodia compartida!
antes el amor mandaba…
Limpio y sin rencores,
ahora su corazón triste palpita;
pues no halla la palabra de su padre
ni el beso o la mirada
o la expresión en el juego y sus lenguajes…
Hay un abismo y un silencio
en lo más hondo y escondido:
la dicha, las risas y sus acentos
por lo más frágil se han partido.
No valen las palabras en vano,
huyeron de sus lugares queridos
cuando la llama del hogar se ha apagado…
Jierro
